★ 31 dic 1893 † 5 nov 1965 Los aplausos no se hacían esperar, sonaban las guitarras y el eco melodioso de sus cuerdas se perdía en los tupidos guaduales de la estancia. Los que tuvimos el privilegio de asistir a estas tertulias, experimentábamos un placer inefable espiritual, gozábamos del verdadero éxtasis que nos deparaba el trago; aquí nunca surgió una discusión por ningún motivo ni personal ni político; a pesar de que el grupo estaba compuesto heterogéneamente, obviamente era de esperarse que nuestro querido Pando Zea, que así le decíamos cariñosamente a don Eduardo, al escuchar a don Pedro, se inspiraba y como buen paisa le jalaba a la poesía, y recuerdo muy bien que Zea sufría unos guayabos de marca mayor, que para pasarlos se encerraba en el cuarto, donde permanecía por espacio de cuatro días, donde solamente permitía la entrada de doña Mariana, su incomparable compañera y sus hijos, allí poco a poco iba pasándole tan tremendo mal, y para darnos a comprender que psíquicamente sufría nos recitaba el soneto de Julio Flórez intitulado Abstracción: